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UNA SALIDA PARA EL COOPERATIVISMO ELÉCTRICO

Los dirigentes cooperativos llegaron a la pandemia con lo que ya tenían puesto: normativas problemáticas; complicaciones administrativas;una delicada situación económica; es que una política energética nacional del gobierno anterior quitó subsidios y aumentó el costo de la energía mayorista en los últimos dos años prometiendo inversiones que nunca se vieron.

Lo cierto es que esa situación ya difícil del cooperativismo eléctrico, se ve hoy agravada por la obligación de tener que brindar los servicios esenciales casi sin retribución de los asociados usuarios ya que el Estado impuso la financiación de los servicios, pero no se hizo cargo de la misma.

No se avizora un escenario sencillo

Las cooperativas en razón de todo esto, y dada su incapacidad económica, se vieron forzadas a dejar de pagar la deuda con CAMMESA que es la principal transportadora de energía y es la empresa que atiende el mercado eléctrico mayorista argentino.

Por lo tanto, pudiera haber dificultades para la misma compra de energía. De hecho, muchas cooperativas prácticamente han entrado en default.

Se estima también que, para el análisis de cada situación particular, es distinta la cartera cuando se tiene asociados usuarios residenciales o asociados usuarios industriales que le suman o le quitan valor agregado de distribución a los ingresos que pueda generar la Cooperativa por venta de energía.

Esto se agrava, en lo que hace a la economía en general porque también inciden en los costos los insumos que están dolarizados.

¿Y si pensamos en la gente?

En realidad, se puso a las cooperativas eléctricas en una situación de vulnerabilidad, porque seguramente no se ha comprendido que son entidades de la comunidad organizada, y que si el contexto socioeconómico de la Argentina tiene determinados indicadores económicos que castigan a la gente, eso repercute en la cooperativa de cada lugar, más allá de lo que se planifique, de las tarifas o de los acuerdos internacionales que se hayan firmado.

Ya antes de la pandemia, uno de los mayores aspectos que afectaban a las cooperativas al brindar sus servicios,era la devaluación de los ingresos en general de la población y de la gente que trabajaba en relación de dependencia. En situación de pandemia esto se considera agravado, porque ni siquiera toda la gente está con trabajo.

El hecho de distribuir la energía y también cobrarla, coloca al cooperativismo eléctrico, debilitado como está,en la primera línea de fuego de los descontentos sociales, ya que el asociado usuario, entró a la pandemia con dificultades para el pago de los servicios.

En la década pasada no había tarifa

En la década pasada era tan irrelevante lo que el asociado usuario pagaba que se decía “que no había tarifa”. Acorde con eso, las cooperativas eléctricas desde hace mucho tiempo vienen optimizando sus costos y racionalizado sus operaciones. Siempre condicionadas, imposibilitadas de realizar inversiones, aunque hay cosas que no se pueden dejar de hacer para poder brindar las prestaciones. Lo cierto que sin inversiones son seguros los problemas en el suministro.

Para conseguir el milagro de la supervivencia, muchas se ampliaron para brindar multiservicios, internet, gas, agua y cloacas y todos los servicios sociales.

Pero ¿qué pasa en la pandemia? Algunos de estos servicios pasaron a ser “esenciales” y ya no contribuyen al sostenimiento de las cooperativas ni al mantenimiento de los servicios que se prestan y esta estrategia de supervivencia ya no es viable.

Las Cooperativas Eléctricas está expectantes

Hoy muchos sectores se encuentran con dificultades. Algunos siguieron trabajando y el país entero lo agradece.

También trabajaron y lo siguen haciendo las Cooperativas Eléctricas, por amor a su comunidad y con el esfuerzo patriótico que se les demanda; pero sus dirigentes están expectantes y preocupados ya que no hay ninguna cooperativa distribuidora de energía que no afronte dificultades y que financieramente no se manejen con el “día a día” y endeudándose para poder seguir adelante.

Colofón

Nuestros cooperativistas tienen, además de la idoneidad necesaria, los valores de la cooperación que como todos nosotros sabemos, son una llave muy poderosa con la capacidad de lograr a través del esfuerzo del conjunto, lo que para uno solo sería imposible alcanzar. Solamente hay que brindarles una salida.

Tenemos la convicción de que el Estado debiera hacerse cargo del costo de sus políticas, porque sino, está poniendo en el hombro del cooperativismo eléctrico una desproporcionada e inequitativa carga con consecuencias inevitables para la comunidad y malogrando así, lo que sabemos que se pretende proteger.

Las Cooperativas Eléctricas del interior del país merecen como cualquier actor de la economía un tratamiento justo y equilibrado ya que no pueden asumir la obligación de financiamiento de los servicios sin poner en riesgo la prestación de los mismos, porque en muchos casos su propia supervivencia está comprometida.

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