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RESPUESTA A EDITORIAL “LA NACIÓN”: “ECONOMÍA POPULAR, FANTASÍA SOCIALISTA”

La Editorial del Diario “La Nación” del 15 de marzo de 2020, titulada “Economía Popular, otra Fantasía Socialista” fue contestada por el Lic. Eduardo Fontenla, ex director del INAES, Lic. en Cooperativismo y Mutualismo y Lic. en Ciencia Política y Gobierno

La Nación:

A través del empleo formal, los aportes laborales y el pago de impuestos, el único pilar, que sostiene toda la estructura del Estado, es el sector privado.

La llamada Economía Popular es otra forma de gasto público y, como tal, no es pilar de soporte del Estado, sino un peso adicional agregado a este. El único pilar es la economía privada, que, a través del empleo formal, los aportes laborales y el pago de impuestos, sostiene toda la estructura de aquel, con sus múltiples legisladores, ministerios, jueces y empleados, incluyendo a los cuatro millones de integrantes de la economía popular.

Lic. Eduardo Fontenla:

Debemos decir que la Economía Popular y sus acepciones usuales como: Economía Social, Economía Social y Solidaria, Cooperativismo y Mutualismo, es una respuesta política en su acepción general, pero no una respuesta político partidaria socialista como lo encuadra la editorial de La Nación, uno de los principales medios de comunicación escrita de Argentina.

La Nación:

Para su efectiva vigencia, todos los derechos requieren una partida presupuestaria, en forma de subsidios, de organismos, de mayor personal, de docentes, de enfermeras, de acompañantes terapéuticos, de apoyo escolar, de mayor equipamiento o de costosas obras. Incluso para sostener a la “economía popular”. Sin dinero, todos los derechos son cartón pintado.

Desde la Revolución Industrial se sabe que el crecimiento de una nación depende de la acumulación de capital y la disponibilidad de tecnología: ello permite aumentar la productividad, mejorar los salarios y proveer de bienes públicos. La economía privada funciona de esa manera, con plantas industriales, pozos petroleros, usinas generadoras, calderas, camiones, rutas, ferrocarriles, puertos, barcos, grúas y contenedores, centros de cómputos, software, logística y robótica. Y, por sobre todas las cosas, con técnicos, obreros y profesionales bien formados, actualizados y responsables.

Lic. Eduardo Fontenla:

Negar que la Economía Popular constituye una forma alternativa de generar empleo es desconocer la concreta realidad de nuestro país, que da cuenta de también concretas y reales repuestas que dieron y dan las distintas formas de organización asociativa a las personas que, por contar con menor capital económico y social disponible, no pueden individualmente resolver sus necesidades  y sí lo consiguen asociativamente, obteniendo de tal modo la posibilidad de organizar su producción, los servicios y alcanzar una escala de negocio que les permite mejorar su condición económica, ingresos y presencia en el mercado.  No parece poco y no es poco.

A renglón seguido dicen que no es posible la generación de empleo sin Estado.

Error, porque la Economía Popular no es economía estatal, sólo requiere de un Estado presente que iguale las oportunidades de generación de auto gestión de esta inmensa población que no tiene espacio en la economía formal “generalmente aceptada”, es decir, empleados en relación de dependencia de empresas de lucro.

Un valor de la economía popular es la solidaridad. Solidaridad es ayuda mutua para progresar juntos, no solo es la actitud del ciudadano ante una catástrofe natural o las acciones que dentro del concepto de responsabilidad social se utiliza en el ámbito empresario. Para la Economía Popular, la solidaridad es el eje de las formas de organización, en el convencimiento de que sus posibilidades dependen de una alternativa asociativa. Su salida es conjunta y no individual.

El objetivo de la Economía Popular es lograr que los 4.000.000 de argentinos que menciona la editorial se apoyen mutuamente para no caerse del mapa de nuestro país. A su vez, la estrategia de la Economía Popular es articular el espacio político y económico con el sector de la Economía Social y Solidaria porque se sabe, nunca ha sido, y se supone no será, un objetivo del sistema capitalista levantar a los heridos que van quedando en el camino.

Debemos ser claros. En Argentina se invirtió y se puede y se debe invertir con una orientación solidaria y de bien común.

No somos una Argentina extravagante por creer y apostar a la alternativa de la Economía Social y Solidaria. Porque nuestro país necesita equilibrio en los distintos modelos de desarrollo y se potenciará con Economía de Capital, Economía de Estado y Economía Social y Solidaria.

La Nación:

La economía popular funciona en forma artesanal, dirigida por expertos en movilizaciones, sin tener capitales y sin dar empleo formal. No contribuye a los gastos colectivos, sino que los aumenta, pidiendo subsidios. Es el sistema que prevaleció en el mundo antes de los telares mecánicos y la máquina de vapor. Y aún puede verse en Sudán, Malawi y Burundi, además de en algunos países más cercanos, que han decaído por su rechazo a las libertades personales y la propiedad privada, como Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Los propulsores de este formato productivo creen haber inventado el móvil perpetuo y que la economía popular podrá expandirse alimentada a subsidios como si estos surgieran de la nada. Pues no es así: cuanto mayor la desmesura del gasto público, menor es la inversión privada, que se contrae en forma simétrica. Hasta su extinción.

Lic. Eduardo Fontenla:

Otro error conceptual de la editorial es asignarle a la Economía Social y Solidaria el sólo “mote” de economía artesanal. La Economía Popular es artesanal y es también economía dinámica, de acumulación social y de aplicación intensiva del conocimiento.

El artículo, lejos de proponer una alternativa que nos permita aquí y ahora atender los problemas de quienes se unen a la propuesta de la Economía Popular, al Cooperativismo y al Mutualismo por necesidad y también por convicción porque lo aprendieron en el camino, plantea el clásico posicionamiento de los defensores del modelo de economía capitalista – cuyas virtudes no desconocemos-, pero no nos plantea qué hacer con esos 4 millones de argentinos que han quedado afuera y obvia hacer mención justamente al muy estudiado dilema del capitalismo: cómo resolver la desigualdad.

La Nación:

En el imaginario la economía popular es una salvación frente al fracaso capitalista, dando empleo a quienes las empresas excluyen. Y creerán que, al final del camino, podría configurarse un país más justo e inclusivo, con pleno empleo, sin patrones, ni explotación, mediante la expansión de la Economía Popular hasta erradicar a la última multinacional y otros grupos concentrados. Pero sin aclarar quién aportará los recursos para mantener al Estado, ni a los actores de la Economía Popular, en ausencia de empresarios particulares.

Este razonamiento, digno de Tomás Moro y su isla del rey Utopo, en la Argentina no puede tomarse en broma, ya que uno de los dirigentes más relevantes de la economía popular, Juan Grabois, declaró respecto del campo, principal aportante de recursos al Estado, que se debe barrer definitivamente a ese “sector de parásitos”, en tanto que Oscar Parrilli, senador y alter ego de Cristina Kirchner, también culpó al campo por haberse enriquecido, fugado dinero y ser culpable de la crisis que vivimos.

Lic. Eduardo Fontenla:

Sin respuesta ni propuesta al problema de fondo, se detiene en descalificar a dirigentes políticos y sociales y a quienes creen en lo que interpreta como una utopía y nos deja esperando a que se produzca el crecimiento por inversión capitalista y su derrame.

La Nación:

El Estado puede subsidiar en forma temporaria a quienes se encuentran desempleados, mediante distintos formatos y por tiempo limitado. Pensar que un país pueda dar empleo y sostener sus gastos gracias a organizaciones sociales que no son sustentables sin subsidios es creer que una persona puede volar, levantándose por sus talones. Un camino peligroso que solo puede destruir al sector productivo en aras de una fantasía socialista, como tantas otras ya experimentadas desde tiempo inmemorial.

Lic. Eduardo Fontenla:

Cerramos esta réplica diciendo con responsabilidad que la Economía Popular Social, el Sector Cooperativo y el Sector Mutual son construcciones colectivas, abiertas, democráticas, participativas y contributivas de la Paz y no es un camino peligroso como lo expresa la editorial de “La Nación” del 15 de marzo de 2020.

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Lic. Eduardo Fontenla con Ing. Mario Cafiero