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COOPERATIVAS, DEMOCRACIA Y PARTICIPACIÓN

Las cooperativas que han marcado rumbos, son las que mantuvieron una línea de conducta en el tiempo, aportando beneficios concretos a sus comunidades y han estado a la altura de las circunstancias.

El sistema cooperativo reúne una serie de virtudes que han repercutido manifiestamente en beneficio de la humanidad; su doctrina establece principios vinculados con valores que sumados entre sí dan sustento a una trayectoria perdurable, con plena vigencia en los tiempos que nos toca vivir y, con un futuro que le asigna un protagonismo destinado a contrarrestar excesos de grupos concentrados, dotar de servicios y nuevas tecnologías, especialmente en zonas menos apetecibles económicamente para las empresas privadas y enmendar asignaturas pendientes del Estado.

Por cierto, que las bondades del sistema y la virtuosidad de su teoría no garantizan el buen funcionamiento de una cooperativa si ella no está adecuadamente conducida, pues como en cualquier actividad, el factor humano juega un papel determinante en el cumplimiento de objetivos, trazado de planes y elaboraciones de estrategias.

Sí, en cambio, por su naturaleza y mecanismos estatutarios subordinados a una ley específica, estas entidades cuentan intrínsecamente con controles severos, dentro de los cuales los socios tienen la potestad de ejercer sus derechos.

Participación y democracia

Las entidades cooperativas son un espacio de participación y democracia por excelencia. Cabe recordar que cuando en nuestro país imperaba la dictadura, las asambleas de estas instituciones eran de los pocos lugares de participación y debate comunitario. Mediante las asambleas los socios intervienen directamente en la elección de sus autoridades, pudiendo ser elegidos para integrar el consejo de administración, además tienen voz y voto en la consideración de la memoria, el balance, como en cualquier punto establecido en la orden del día, correspondiendo expresar que en ésta deben incluirse asuntos transcendentales. Incluso la soberanía del órgano supremo puede llegar a resolver la remoción de consejeros y síndicos.

En las cooperativas el poder reposa de una manera bastante descentralizada, los socios tienen tanto el derecho como el deber de expresarse en las asambleas, pero su participación no se agota en dicha instancia; por nota, argumentando correspondientemente pueden hacer llegar sus iniciativas y propuestas al consejo de administración, el que deberá darle tratamiento incluyéndolas en la orden del día de una sesión del cuerpo. Por otra parte, los socios tienen la facultad de dirigirse al síndico para recabar información inherente al funcionamiento de la institución.

Conducción colegiada

En las entidades cooperativas su órgano de conducción debe actuar de forma colegiada, por lo que no existe como en otros ámbitos un presidencialismo a ultranza. Ello está concebido en sus metodologías mismas de organización; independientemente de la duración del mandato por el cual los consejeros han sido electos como tales; todos los años entre los miembros titulares se procede a la distribución de cargos, en la primera reunión del cuerpo posterior a la asamblea ordinaria.

La génesis misma del movimiento induce a que cada uno de los miembros del consejo de administración obre en manera mancomunada, en consecuencia, la democracia se articula en formas de participación que posibilitan expresarse a todos; pero también a mecanismos y métodos en la toma de decisiones que reflejen la voluntad mayoritaria del conjunto, con el correspondiente respeto por las minorías.

Cuando es menester tomar una determinación sobre la base de propuestas divergentes, requerirá que estas sean expuestas y fundamentadas, posteriormente evaluadas en cuanto a las ventajas y desventajas que presenta cada una. Si tras agotar tal procedimiento, tampoco se genera una síntesis superadora, recién allí se someterán a votación de las mociones formalizadas, quedando de esta manera resuelta en favor de la iniciativa que reúna la mayoría necesaria a tal fin.

La necesaria participación

Sería una candidez aseverar que estas normas y procederes se cumplen a rajatablas en todas las entidades; como acotamos anteriormente, quienes tienen responsabilidades deben velar desde el lugar que les corresponda, tanto la democracia interna, como los demás aspectos que hacen al eficiente funcionamiento de la institución. Y cuando hablamos de responsabilidades no nos circunscribimos al Consejo de Administración, que naturalmente es quien las tiene en mayor medida, pero cabe consignar que todos los asociados debemos contribuir en la medida de nuestras posibilidades. Ello es viable participando de las asambleas, interiorizándonos del quehacer institucional, aportando ideas, efectuando críticas constructivas en tanto y en cuanto las mismas tengan asidero.

Los incumplimientos de las partes no necesariamente están vinculados a la desidia o la intencionalidad, frecuentemente ello está dado por el desconocimiento y, cuando así sucede se incurre en errores reiterados, los que a la postre afectan a personas u operan negativamente para el correcto desenvolvimiento la entidad. En la práctica la incompetencia sucede por razones distintas, según se trate de asociados o dirigentes.

En el caso de los socios el denominador común se relaciona con presunciones o rumores, seguramente si previamente a efectuar aseveraciones se cercioraran adecuadamente, el enfoque no sería el mismo o las críticas serían menos descalificantes. Este concepto no pretende en absoluto indicar que los presuntos errores o las opiniones discordantes no deban expresarse, todo lo contrario, marcarlo es un derecho y la esencia de la democracia participativa; simplemente estoy convencido que al respecto se debe ser responsable, máxime teniendo en cuenta que en la inmensa mayoría de las cooperativas los consejeros son ad-honoren.

Al cooperativismo hay que vivirlo

El desconocimiento de los dirigentes generalmente se da cuando la cooperativa viene arrastrando alguna crisis. Las experiencias vividas durante mi militancia en el movimiento me persuaden al respecto. Durante de la década del 80’ integré los C.A de la Cooperativa Limitada de Electricidad y Servicios Anexos de Huinca Renancó “CHER”, con distintas responsabilidades pero siempre vinculado al quehacer institucional; como tal, me tocó participar como delegado en dos polémicas asambleas de la Federación Argentina de Cooperativas Eléctricas “FACE” (1984 y 1985), intervenir activamente en la fundación de la Federación de Cooperativas Eléctricas y de Obras y Servicios Públicos de la Provincia de Córdoba “FECESCOR” en 1984, entre 1985 y 1989 ejercí la presidencia del Consejo Regional Nº12 que nucleaba a las cooperativas adheridas de los departamentos General Roca, Roque Sáenz Peña y Sur de Río Cuarto, en tanto en 1988 y 1989 me desempeñé como tesorero de FECESCOR.

La referida militancia me hizo conocer diversas situaciones difíciles atravesadas por diferentes cooperativas de la provincia. Por lo general los problemas se suscitaban con entidades que se vieron precisadas a cambiar el consejo de administración en pleno, por ende, la nueva dirigencia se hacía cargo ignorando la problemática que comprende a este tipo de organizaciones, que nadie supone en su real dimensión hasta un tiempo después de asumir las responsabilidades del caso. 

Las razones de los cambios abruptos se daban en la mayoría de los casos en entidades que no venían funcionando bien; que dejaban de celebrar asambleas por dos o tres años consecutivos (lo que además de la anormalidad que legalmente reviste, habla a las claras del desorden institucional imperante); en ocasiones por acefalía de facto; cuando no producto de la política partidaria que como factor de poder, dirimieron sus diferencias ideológicas en al ámbito de la cooperativa (generalmente con consecuencias nefastas)

Cooperativas que marcan rumbos

Aún, cuando no exista una receta fija y las circunstancias son múltiples, está a la vista que las cooperativas que han marcado rumbos, son las que han mantenido una línea de conducta en el tiempo, aportando beneficios concretos a sus comunidades y han estado a la altura de las circunstancias; por lo general son aquellas que han tenido renovación paulatina de sus dirigentes, que estos no se han eternizado en los cargos.

Colofón

La experiencia combinada con la juventud, el trasvasar gradualmente el conocimiento no es todo, pero sí es un aporte fundamental para aprovechar las oportunidades que brinda el movimiento.

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